La Vida de Hinkle Twinkle Burns
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Teresa Borbotones fue atacada por un hombre que se creía lobo, o por un lobo con apariencia de hombre. En la celda 123 fue tal el estropicio que los servicios de limpieza contribuían con sus propios fluidos expelidos a presión por sus incontenibles bocas a hacer más barroca la escena. Después de varios turnos y arduos esfuerzos, varias botellas de lejía y algún desmayo, pudo recopilarse lo que quedaba de ella y enviarlo al cementerio municipal, restos que hubieran cabido en un féretro del tamaño de una caja de cerillas.
¡Que la Bisagra la ha palmado! ¡Que la Bisagra la ha palmado! Hinkle Twinkle Burns oía aquello en el comedor y, pese a que era lo más cercano a una ameba que se pueda a imaginar -una ameba lasciva, eso sí- intuía que la desgracia se cernía sobre él, y se tapó con urgencia sus partes pudendas, su tesoro más preciado ante la perspectiva de la debacle.
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