Más de un siglo antes de Cristo, en Roma, una familia rica, noble y famosa destacaba por su cultura y tradiciones, los Graco: Su madre, Cornelia, destacaba por su elegancia, educación, buena cuna y valores tradicionales. Era hija de Escipión el africano, que había acabado con Cartago venciendo a Anibal en la batalla de Zama.
Casó con un hombre famoso, Consul de Roma y Censor. De la familia de los Sempronio Graco. Tuvieron dos hijos: Tibero y Cayo. Cornelia estaba muy orgullosa de ellos, los llamaba "mis joyas" y recibieron una educación exquisita. Crecieron en una familia noble, muy rica, y con muchísima influencia política.
Pero en lugar de anclarse en sus privilegios, optaron por desde el tribunado de la plebe, luchar contra las élites romanas que tenían secuestrado todo el poder, el dinero y la política.
El hermano mayor, Tiberio, promulgó una lex Agraria, que repartía la tierra pública entre todos los ciudadanos, expropiando a los ricos terratenientes el excedente de tierras que habían acaparado, limitando a 125 hectáreas lo que podía poseer un ciudadano.
Lo mataron y arrojaron su cuerpo al río.
Unos años después, su hermano Cayo desde el tribunado de la plebe, promulgó unas leyes más sutiles pero incluso de más peso social: Un límite al precio del trigo, acabar con la corrupción en los tribunales y determinar que Roma debía proporcionar las armas y equipo a sus soldados.
Tras un tumulto que ellos mismos provocaron, los patricios acorralaron a Cayo y sus partidarios y éste antes de caer preso, ordenó a su esclavo que lo apuñalara.
Pero el asesinato de los hermanos Graco abrió el camino a los principales actores que habían de acabar con la república años después: Establecer la violencia, como medida política. Los ejercitos profesionales, que debían lealtad a su general antes que a Roma. Y sobre todo al descontento social tanto de los romanos entre si, como de los aliados itálicos con Roma.
Había en Roma un bipartidismo clásico: el partido de los optimates, los boni, que era la clase patricia, rica y noble pero podrida de corrupción. Enfrente estaba el partido popular, con casos de corrupción también pero que reclamaban derechos para los ciudadanos en general. Menos ricos pero más numerosos.
El bipartidismo dío lugar a enfrentamientos terribles: Livio Druso contra Servilio Cepión. Mario contra Sila. Julio César contra sus enemigos: Pompeyo Magno, Catón de Útica, Cicerón y Bruto.
Todo ello derivó en las guerras sociales y las guerras civiles. Y acabó por minar la república corrupta en aras del imperio.

