En el filo
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Más páginas, más capítulos, para la biografía, no escrita, de alguien que se parece a mi, pero sólo en el historial médico.
Siempre he sido quien has querido que sea y seguiré siendo lo que te haga feliz mientras quieras estar conmigo. No te sorprendas al saber que tú puedes tener una idea acerca de mi personalidad y, los demás, una distinta por completo. Todos tenéis razón.
11 de enero
Es de noche, de madrugada, todos duermen. Yo no. No puedo dormir. Me duele la cabeza, el insomnio ha vuelto. Necesito relajarme. Diazepam, Dobupal, Milzone, a ver si tengo suerte y descanso.
12 de enero
He encendido el último cigarrillo del paquete que abrí a las nueve y aún no son las doce de la mañana, creo que hoy superaré otra vez los tres paquetes. Sí, retomé el hábito de fumar hace algunas semanas para rellenar el vacío y la angustia de la soledad. Absurdo. Pues sí, pero ¿qué más da?
El psiquiatra, en la visita de ayer, me ha diagnosticado trastorno límite de personalidad. Un trastorno mental, estoy al límite, al filo del precipicio, pero el psiquiatra que me examinó, no me indicó cual es la personalidad, de todas las que habitan en mi cabeza, la que sufre esto. Según el experto lo padecemos aquellos que, por mil obstáculos e interferencias en su desarrollo infantil, no han podido crecer y sentirse adecuadamente seguras del mundo y de sí mismas.
Ya no me apetece buscar culpables; no quiero mártires, ni victimas para justificar mi realidad, que al fin desnudo y no volveré a disfrazar. No debo juzgar, tengo que practicar para tolerar el malestar, aplicar habilidades emocionales, fomentar la confianza, todo un compendio de buenísima teoría que ha funcionado en un montón de casos iguales alrededor del mundo, pero que conmigo se dará la excepción que confirme la regla.
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