Octavia quedó en la guerra
Textos ·
Eventos ·
0.0
(3)
POR QUÉ LLORAN
La mitad de los funcionarios públicos que se comprometen a asistir a una fiesta de la oficina no lo hace, la haraganería de una mala excusa siempre pasa mejor desapercibida que las molestias de aguantar preguntar el rato del pudor convencional ¿aquel pasillo conducirá al baño de mi sexo? cuando el burócrata ya se siente que elaboró la broma a su necesidad sobre si los pasillos conducen a la confusión de los gabinetes con la que se desternillarán sus compañeros a su paso hacia ellos. Pero no era el caso de mi tía, ella nunca dejó de asistir a cualquier reunión, temía que confundieran su actitud con el desprecio que no sentía por indiferencia. No quería ser descubierta en el proceso de adaptación a esa extrañeza que era su vida con preguntas erradas, qué hace esta mujer en un país donde no puede ser comparada con nadie, cómo se puede sobrevivir sin cotejo, mi tía lo resolvió, en algún sitio de su cumplidora personalidad la inercia la absorbió y se puso a sufrir esa quietud que prometía lo definitivo de su vida, así que cabalgando lo inmutable preguntó, ¿dónde es la dirección?, dicharachera llegó a la fiesta en la que, como no podía ser de otra forma en el Uruguay, la mitad de las sillas estaban vacías. El negro compañero de la repartición en la que trabajaba se acercó, gustosa se cambió de silla, había muchas, para dejar conversar a los dos negros de la oficina, pero la negrita compañera funcionaria no conocía de pruritos, ella había llegado antes a la fiesta así que nadie sospechó que no se merecía lo que pedía, ¿dónde está el baño?, preguntó, ahí quedaron entonces conversando los que todavía no estaban en hora con las sillas apartadas primero, después mas juntas por falta de asesoramiento, mi tía tanteaba dónde quedaría la ofensa que no quería cometer, si no me acerco mas creerán que lo hago por lo que realmente siento, pensó, el asco insoportable de la osadía de este negro de venir a practicar seducción distraída, si fuera explícita podría ofenderme y poner distancia pero era lánguida, casi sin diferencia con las conversaciones y movimientos corporales que ponía en práctica en las horas de letargo de la oficina cuando el aburrimiento ponía creativos de envejecimiento precoz a los funcionarios. Cuánto le acarreaba ser rubia y divina, esos advenedizos caracteres en una oficina pública de Montevideo debían pagarse con educación, por eso buscó el baño la negra para que de una vez mi tía empezara. Menos de casamiento no aceptaban para que pasara la prueba.
Mi tía suspendió sus derechos a cuestionar un sentimiento tan atrevido del negro, con qué otra cosa cuenta éste se culpo y se dejó inundar por la osadía del negro como por un sentir inaccesible para ella, ella se había revestido de falsa timidez, llamaba a ser abordada por sentimientos desconocidos que la inutilizaran para cualquier decisión libre, cedió el desborde a los otros, temía ser linchada por su despliegue de ironía no conocida aun por estas latitudes. Así pues que desarmada abrió el flanco, que entre el negro nomás, dijo. Ella era la única que lo llamaba por el nombre y no "negro" como los demás compañeros de trabajo y creyó que él tenía derecho a vengar esa discriminación educada.
Yo no podía olvidarme que un día encontré a mis primas llorando y tal vez me hubieran mentido sobre el motivo así que me sobrepuse a mi propia impresión y fui en busca de ellas. La información había llegado a sus compañeros del jardín de infantes, ya no tenían escape. La maestra estaba en el baño, había pedido permiso, así que sin custodia se asomaron las cabezas de los sinceros, ustedes no son adoptadas, gritaban, vuestro padre es … no pudieron completar la frase, intervino la maestra quien apurada y sin alivio corrió hacia sus angelitos al descubrir la intención de lo que seguía, lo primero es lo primero, los felicitó por el pronombre correctamente ubicado en la frase sin terminar y los retó por no percibir lo inapropiado de la intención de continuar completando la verdad, es un desaprovechamiento de sus niñeces, serían injustamente recordados por violarse a si mismos en la ingenuidad sagrada de sus inocencias y con la amabilidad dura los instó a recordar sus edades y qué hacer en lo inmediato para asegurar la preservación de la infancia casi arriesgada, vayan al salón de juego para criaturas que gatean, - les ordenó -. Cuando se va a ser ofensivo con la verdad es erróneo fraccionarla en datos niños, (primero fue didáctica con las formas), los padres de estas nenas formaron el primer matrimonio de una islandesa y un afroamericano en la primera mitad del siglo XX en el Uruguay. Dejen la crueldad de la inocencia para otra vez ahora es totalmente innecesario, el caso saldrá en la próxima edición de SELECCIONES avisen a sus padres para que la compren.
-----------
FIN
Comentarios
No se han Publicado Comentarios.
Publicar Comentario
Inicia Sesión para Publicar un Comentario.

