Vanessa: Novelita rosa con espinas
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Cuando, después de interminables tardes, en la clase de expresión oral se acercó adonde yo me hallaba, tendido en el parqué aprendiendo a respirar, e intentó ayudarme, casi no lo creía. El día siguiente, la abordé a la salida. La fugaz imagen de mi avergonzada gratitud (aparentemente reticente, forzada, resignada) y su “¡De nada! ¡Chau!”, sonriente y justamente esquiva, minaba mi ánimo, pero la circunstancia que la originó me ofrecía ahora un pretexto que debía aprovechar.
Elegí ser sincero. En “Tootsie” hay una escena donde Jessica Lange le refiere a Dustin cierta fantasía femenina sobre el hombre siendo franco en el acercamiento sexual.
IV
No lo hice mejor que Dustin. Ya no había nada que pudiese hacer. Los primeros días que siguieron a esa manifestación infeliz la ignoré y eludí alternativamente, prolongando mi rudeza hacia ella. Transcurrido un tiempo muy corto, sin embargo, mi actitud empezó a cambiar. Las cosas retornaron, entonces, a sus acostumbradas apariencias. Ella entraba y yo sentía que algo me atravesaba y clavaba en donde estaba, o la oscura fuerza que me agitaba hacía perceptible, muy ocasionalmente, un breve pero notable movimiento de todo mi cuerpo hacia el suyo, como el paso de un autómata, que me admiraba por su temeridad y que era el mismo que había marcado el inicio de aquella repentina y premeditada revelación; durante esos momentos no podía dejar de mirarla, y ella se aproximaba y saludaba a todos, excepto a mí.
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