La Vida en la Ciudad de los Muertos
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Sabía muy bien lo que había querido decir el médico, así que tome mis precauciones y opte por una nueva ruta para regresar al edificio donde se encontraba mi departamento.
Durante los primeros días volví a sentirme tan muerto como antes. En el trabajo regrese a ser, nuevamente, uno de los más eficientes pues, en los últimos días, había estado un tanto distraído y me retrasaba a la hora de entrega, además, mis jefes y compañeros me miraban con desconfianza, y obtuve dos faltas en menos de una semana.
La soledad volvió a ser mi traje de todos los días, el traje de uso común en esta ciudad, y la tristeza mi máscara.
Pero días más tarde, cada vez que me encontraba en la soledad de la noche, me acordaba de nuevo de ella…y mi corazón volvía a latir. Pero no era un golpecito en el pecho, no: eran varios, cientos, miles: mi corazón revivía. Regresaron a mi una serie de sentimientos que yo creía olvidados y una sonrisa se dibujaba en mi rostro cada noche. Estaba vivo de nuevo.
Durante algún tiempo logre disimular recordando la advertencia del médico, sin embargo no soporte por mucho tiempo y un día tome una decisión. Me levante muy temprano, como siempre, pero en lugar de ir al trabajo iría a buscar a Verónica, sin embargo, la sorpresa me esperaba en la puerta: ella estaba sentada en el pasillo, esperándome.
“Sabía que te encontraría vivo” me dijo al verme, y no fueron necesarias más palabras: un abrazo, un beso, un día, dos…había firmado mi sentencia de muerte.
Al tercer día, muy temprano, evacuaron mi edificio y sellaron todas las entradas, un escuadrón entro a mi departamento y lo incendio. Pero, cuando lo hicieron, Verónica y yo ya estábamos muy lejos, camino al lugar secreto a donde escapan los vivos…
Algún tiempo después me entere que Verónica había pasado años bajo vigilancia por la sospecha de estar viva. Su familia había sido muy influyente en años anteriores al régimen y eso la había mantenido con vida. La mañana que fue a mi apartamento había logrado evadir a los vigilantes pero uno de los tantos “orejas” de la policía les había alertado de su presencia en mi apartamento y de mi extraño comportamiento, el cual confirmaron en mi trabajo. Fue entonces cuando decidieron actuar.
El nombre del lugar al cual fuimos me reservo, por el momento. Sin embargo puedo decir que aquí he encontrado la inmortalidad…esa inmortalidad que sólo se encuentra en la memoria de los hombres…
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