LOS REYES MAGOS
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Gaspar y Melchor llegaron al pequeño apartamento y allí los esperaba Baltasar. Lo vieron muy serio y, como otras veces, comprobaron como su tez cetrina se acentuaba en las emociones. Gaspar se había convertido en el animador espontáneo del grupo, y le espetó sin rodeos:

-Venga. Dinos qué te pasa.

Baltasar se limitó a abrir los brazos en evidente señal de decepción, apretando al mismo tiempo los labios. Y como si viera que aquello no era respuesta suficiente, dijo en un tono de pesadumbre que sólo él solía poner:

-No vamos a encontrar nada.

Entonces Melchor, que no era hombre de grandes soluciones pero que solía estar al tanto de las cosas, le habló con decisión:

-Qué es lo que no vamos a encontrar, Baltasar, qué es lo que no vamos a encontrar, hombre...

-Este año no vamos a encontrar a ningún mesías, esto es todo-. Respondió Melchor. Luego confesó: -El continente entero está ocupado en buscar pateras para irse. Y por aquí, qué quereéis que os diga, parece que la gente está toda de compras...

Gaspar, que sabía muy bien qué problemas podían surgir, intervino con la voz particularmente quieta de quien lo tiene todo pensado:

-Alto, alto. Hay que ir a la médula de las cosas. Si la gente está de compras, hay que buscarla en el lugar adecuado. Sabéis perfectamente que en nuestras ocasionales pasadas por el continglés nunca nos ha ido mal, y estoy seguro de que allí nos dejarían hacer la jornada completa.

-Hombre... -. Era Baltasar, con su mismo rostro herido.

Pero Melchor -el que de verdad había venido de Oriente- pareció que estaba a punto de perderse algo y habló:

-Hermano Gaspar-dijo-, yo comprendo bien tus razones, y hasta ese nuevo sistema de que nos hablas. Por aquí tenéis eso muy bien, en verdad. Pero yo había pensado si, iniciando una línea algo ecuménica, lo suyo no sería ir a un mercado chino. No sería difícil encontrarlo.

Baltasar había oído todo sin moverse, pero un buen observador podía notar como na gota de sudor bajaba por su sien y añadía algo de brillo en la oscura mejilla. Y fue Gaspar, entonces, quien expuso una propuesta con el aire, como acostumbraba, de ser la definitiva.

-Tu idea es buena, Melchor -dijo-; pero también es cierto que deberíamos adoptar, en cuanto podamos, algo definitivo. Como decía Baltasar, todos los años venimos nada menos que en busca del mesías. No puedo asegurar nada, pero aquí y en este momento ya disponemos de medios para que todo tenga la resonancia debida y su conocimiento llegue a donde ha de llegar. Creo que lo conseguiríamos. Se trata de la llamada Operación Triunfo.

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Sebastián.
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