El día de navidad amaneció con una blanca sábana helada que cubrió el pueblo y los montes cercanos hasta confundirlos con el cielo. El día de navidad abrió la ventana y miró el blanco y respiró. No sintió el espíritu navideño entonces, pero sabía que estaba ahí, en algún lugar entre el blanco de la tierra y el aire y el blanco de su vacío blanco.
Salió como todos los días a las ocho y veinte y cogió el coche para ir hasta el centro. Hoy no trabajaba, pero había prometido recoger los regalos antes de que los niños pudieran verlos.
Todavía creían, sí. Recordó un día de navidad antiguo y la cara de Carlos riendo con toda su boca. ¿Qué le has pedido a los reyes? Y Carlos rió. Lo hizo de él y de su infancia y lo dejó sin ilusión y sin magia con toda su boca abierta. Tuvo que cerrarle la boca por eso. A sus hijos aún no les había ocurrido. Eso pensaba, al menos.
Alejó de sí el recuerdo y paró en un semáforo. Los monigotes de nieve se derretían lentos agitados por el aliento del dragón del sol. En la esquina, un papá noel enrojecido por el frio o el alcohol agitaba una campanilla de reclamo. Tras él, una vieja tienda que no había visto nunca, anunciaba en grandes letras rojas "Liquidación en antiguos juegos de magia". Aparcó unos metros más allá.
El local olía a un extraño aroma, mezcla de inciensos, limones y el olor a viejo de los viejos locales. No había adornos navideños, salvo el tipo de la entrada y su campanilla. Y parecía que tampoco había rastro de vida humana, aunque se podía escuchar cierto trajín más allá, en la trastienda velada por una cortina de cuentas. Por todas partes, a su alrededor, en el suelo, sobre el único mostrador de cristal y en todas las paredes, se apilaban cajas de madera barnizada de diferentes tamaños y formas, cada una con un letrerito amarillo en el frontal, escrito a mano con una letra diminuta y pulcra. Tuvo que acercarse bastante para poder leer algunos.
"Reliquias de la Virgen", "Varitas inglesas", "Runas nórdicas. Efectos garantizados", "Muñecas Vudú. ¡Con Manual de Instrucciones!", "Grimorios", "No ABRIR BAJO NINGÚN CONCEPTO. Djinn amarrado", "Si estima su visa", etc. etc.
Supuso que lo de Visa no había sido un error. Sonrió. Estaba ante una auténtica tienda mágica. Una de esas que siempre aparecen en los callejones perdidos de cualquier ciudad, a veces sólo por un rato. El suficiente rato como para hacer un buen negocio. Cuando estabas seguro de que allí no había más que una lavandería china, te encontrabas con una de esas tiendas. Esperaba no defraudarse y que el comerciante fuera chino con largos y finos bigotes mandarines y uñas larguísimas o, al menos, una vieja bruja de verruga varada y voz suave.
Albaroth
Textos ·
Eventos ·
0.0
Comentarios
No se han Publicado Comentarios.
Publicar Comentario
Inicia Sesión para Publicar un Comentario.

