Navytale.- Mamen
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Ese día, a las 9 de la noche hacía un frío helador. Embutido en una gruesa parka con la bufanda al cuello, me eché a la solitaria calle abandonando la confortable habitación del hotel. No esperaba tener suerte tampoco esa noche, pero el gélido viento soplaba a mi favor: las luces del elegante portal del 'Restaurante Iruña' estaban encendidas. No había clientes aún cuando entré al comedor. Dos uniformadas camareras me daban la espalda mientras charlaban con una señora sentada displicentemente ante una mesa vacía. Se volvieron al oír la puerta y en ese momento supe que aquella dama, de pelo casi albino y cara de niña era Mamen.

-¿Crees en los fantasmas? -le pregunté aún envuelto en mi abrigo.

Se levantó con expresión incrédula y a poco una sonrisa asomó a su rostro. Me ayudó a despojarme del engorroso vestuario y nos dimos un emotivo abrazo. Vinieron las atropelladas preguntas de rigor, prometí contarle y me dio a elegir mesa en lo que en otros restaurantes, pero no allí, suele ser la jaula de apestados fumadores. Se sentó enfrente y encendimos un cigarro en silencio como intentando, entre el maremágnum de preguntas que se nos venían a la mente, encontrar la más idónea, la más inocua.

-¿Qué te apetece cenar? -dice por fin.
-Lo dejo a tu elección. No es importante.
-¿Un caldito de la abuela para entrar en calor y cordero asado?
-Y un buen vino de tu tierra. Eso sí es primordial.

Da instrucciones a una de las elegantes camareras y aparece una botella de recio tinto cuya bodega ni siquiera alcanzo a registrar en la memoria, pero sí que es de Navarra. Dos vasos, un brindis y ya fluye la conversación. ¿Cómo te va? ¿Por donde andas? ¿Te casaste? ¿Tienes hijos? Por fin llegamos al meollo de la cuestión:

-¿Volviste a ver a Marcos? -pregunta.
-No, pero sí lo localicé gracias a Internet, le escribí y hablamos varias veces por teléfono, casi siempre por estas fechas.
-Yo me encontré varias veces con su padre. Vive a las afueras del pueblo. Me contó que se había casado, que tenía una hija y que, al cabo del tiempo se divorció. Creo que ahora vive solo con su niña, o eso me dijo, en Las Palmas.
-Mamen, Marcos murió hace unos meses.


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