DIA DE PERROS
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27 de diciembre de 2007.

Hoy es festivo, San Esteban. Punto y seguido en la "orgía" navideña. Me levanto tarde, con el estómago revuelto y algo de tortículis. Perfecto porque hoy tenemos comida familiar en casa.

Después de desayunar, saco a los perros. En cuánto atravesamos el portal, comienzan a ladrar.

Miro y veo venir, al fondo, por la misma acera, a un señor con su "cuñao", dos o tres crios con los juguetes más escandalosos del barrio (¿O serán ellos que consiguen hacer de un triciclo un huracán de gritos y golpes?) y un enorme perro labrador negro que abulta los que los mios multiplicados por cinco.

Voy el descampado más cercano a casa y los mantengo sujetos y con la cadena corta. Veo al grupo que llega a una plaza cercana para que corra el perro y jueguen los niños. Bien.

Jugando jugando, el perro se acerca y los mios, que son unos "acojonaos" de cuidado se ponen a ladrar como locos y tengo que esforzarme en controlarlos. Suerte que he estado todo el rato atento, si no el susto que me da el perrito es de órdago.

Cuando subo a casa, Loli me comenta que lo ha visto desde la terraza y que "ese tio es un gilipollas". Me explica que a ella ya le ha dado algún susto y que pase quien pase, esté quien este, no sujeta al perro ni por equivocación."No, si no hace nada" y se queda tan pancho.

Y aquí comienza el motivo de ésta reflexión.


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