VINDICACIÓN DE LOS REYES MAGOS
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Por otra parte, seamos sensatos: ¿acaso unos padres normales no les entregan a sus hijos, personalmente y sin tantas vueltas, sus regalos de cumpleaños o de cualquier otra fecha importante de sus vidas? ¿A quién puede ocurrírsele el despropósito de "inventar" unos Reyes Magos que vinieran del Oriente, montados como corresponde en sus camellos, para traer un regalo, generalmente modesto, pero siempre esperado con un aleteo interminable en el pecho?
Hay cosas que son irrefutables: mi padre hace mucho tiempo que no está entre nosotros, y mi madre tiene ya muchos años y una salud precaria; sin embargo, yo sigo poniendo mis zapatos en la ventana a la espera del regalo soñado. Si bien es cierto que, últimamente, los zapatos permanecen vacíos, yo sigo oyendo las inconfundibles pisadas de los camellos.
Es comprensible que no se detengan a dejar regalo alguno y pasen presurosos junto a los zapatos de mayor tamaño porque, como todos sabemos, deben privilegiarse los niños que, explosiones demográficas mediante, cada vez son más. Pensarán, sin dudas, en regresar más tarde a dejar el paquete anhelado, pero, seguramente, la llegada prematura del alba les impide cumplir con sus deseos de acomodar en los zapatones gastados, el fardelito de la ilusión.
¿Qué demuestra esto? Para mí, sólo demuestra que el tiempo ejerce su tiranía aún sobre Reyes Magos y camellos maravillosos. Estoy segura de que si contaran con dos noches para cumplir con su misión, no dejarían zapatos vacíos por una simple imposibilidad horaria.
Por otra parte, con los años uno adquiere cierta experiencia, y yo he comprendido que dejarles manojos de pasto y baldes con agua sólo entorpecería la desenfrenada carrera que estos misteriosos seres deben cumplir en una noche; de manera que me limito a dejarles un tazón con agua que, cada seis de enero, aparece vacío. Para mí ésta es una prueba suficiente e incontrovertible.
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