Mientras el resto de niños de su edad repletaban cuartillas peticionando banalidades como la última Nintongo a S.S.M.M. de Oriente, Pepito Pi a sus diez años de edad recién contemplados se limitó a solicitar de los ínclitos magos que le fuese entregado un único presente, aqueste: un libro jamás escrito.
Baltasar hacía el turno de recepcionador aquella jornada, sin abrirla vio la petición de Pepín, esbozó una sonrisa cómplice y depositó la carta, cuando nadie miraba, en el montón de su apañero el blanquito. A la mañana siguiente Gaspar se desayunaba con la insólita peticionada del niño Pi.
Lo primero que hizo Gaspar al leer la carta fue revisitar la letra pequeña de su contrato. Miraba si
a) Podía transferir el asunto a la Santa Claus Inc.
c) Podía dejar sin regalos a un niño que se había comportado bien.
c) Si pedir regalos con ánimus jodiendi podía considerarse mal comportamiento.
c) Cómo demostrar el ánimos jodiendi.
p) Si le quedaban días de asuntos propios.
y, en fin, todas a una era si hubiera forma alguna de burlar las leyes de la reymagesía para y/o escaquearse de aquel dichoso encargo.
En estando en considerando estas altas cuestiones el Rey Gaspar hagaremos un inciso para meditar un bocadito. El baño queda al fondo a la derecha. Esto era que las malas lenguas conjeturadoras conjetudarían años después que el niño Pepito había pedido aquel regalo a sus majestades por purita mala leche. Otros dictaminadores más mejores dictaminaron que era pedir aquello o la paz en el mundo, y que tanto da ba que ba da. Los más en sus trece canturreaban que "Pepito había perdido la fe en sus majestades, tra la rá", Ezpaña se rompía, era el fin de la familia tradicional y que aquella petición era un tour de force con el quería demostrarse que toda aquella historia de los bueyes, los camellos y la estrella sobre el portal era una pura castaña. ¡Menos el caganet, que esto si era cierto! Ahora bien que nadie conoce las más recónditas intenciones de Pepito, de haberlas, (puesto que todo aquello pudo ser pura inconsistencia fruto de la trempanía de su edad), excepto por supuesto el propio Pepito y el narrador omnisciente que tiene un chivato en cada celebro. Ya les dije que íbamos a contemporizar. Ha terminado el receso, ya pueden ustedes volver a sus butacas.
EL REGALO
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