EL REGALO
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Hete aquí un Gaspar ceñudo y concienzudo redactando una carta para nuestro Pepito, pues si sus majestades reciben correspondencia es una falta de educación tremendábula no responderla nunca, ¿no? Ha llegado la carta por paquetería urgente e incluye un sobrecito con un regalito para Pepito. Héte la nota que acompaña el regalo aquí...

" Querida Milagros... "

Perdón: esto era de otra carta.

" Querido Pepito,

Estás hecho un cabroncete, a tu edad. Pero vamos, que uno tiene su pund-de-honor y no iba a quedar como un gañán delante de esos dos que solo quieren verlo a uno arras... estooo: que te vas a enterar, machote, porque me ha costado Dios es Cristo Rey dar con tu regalo.

Y si, lo he encontrado.

Y no he hecho trampas: no es un libro soñado, ni redactado en mientes, ni solo planificado, ni jamás llegado a publicar.
Es lo que pedías: un libro jamás escrito.

Ahora bien: verás que junto a esta nota te llega un sobre. Dentro tienes una llave. Sitúate frente a cualquier pared, da una vuelta de trescientos setenta y dos grados y medio exactos, luego un palmada mientras te tocas las orejas, pronuncia en alta voz 'Cha-pa-chúm', inserta la llave en la pared y gírala. Se abrirá la puerta de tu biblioteca.

Coño... prueba. Es verdad.

La vas a necesitar porque cada día y hasta que salgas de cuentas recibirás un número indeterminado de volúmenes. Solo tu podrás verlos y solo tu podrás cogerlos y leerlos. Si abres uno de estos libros y no es el libro que me has solicitado... pues lo sabrás inmediatamente.

Nada más, campeón. ¿Quién te ha dicho que los reyes tengamos que regalar siempre lo que nos piden? ... ¡Haw haw haw haw haw!

Que te diviertas.

Tuyo afectísimo que blablabla

P.d: ¡Ups... casi lo olvidaba!... Je je... El libro que has pedido es el único de la creación cuya lectura debería ser obligatoria. Si lo encuentras y si consigues leerlo... el Universo te será revelado. Tienes mi palabra. ¡Mas hasta entonces... NADA! "

A excepción de Borges, que quizá, Pepito era el niño con la biblioteca literaturil más chula del planeta. Le faltaba tiempo, esto si, para dejarla porque cada día como hubiera o hubiese predicho Gaspar, Pepito recibía o recibiese un puñado de volúmenes, pongamos X, que tenía que ir amontonando en la susodicha biblioteca si no quería verlos tirados por el jardín de casa, el salón de casa o la cocina de casa, que no era plan que su mamá los viera cualquier día y se le iban a caer los pelos, de la bronca. Pero claro que le pudo la curiosidad al principio y abrió algunos de aquellos libracos. El resultado fue blanco sobre blanco. Vacío y nada y jugar a la ruleta. Gana la banca. Hagan juego, señores. Mas luego de abiertos aquellos libros, et de inmediato, era su desaparecer como si se hicieran ceniza en las manos, con un leve susurro de "yaaaas tá". Esto era divertido al principio y hasta le producía honda terrible satisfacción.


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