Castillo de piedras blancas,
de almenas altivas serenas,
guardas en tus cárceles un alma,
que se debate al saberse prisionera.
En tus murallas, la paz,
en tu interior, mi condena,
porque tu orgullo tenaz,
no consiente en ver mi pena.
En mi mirada, un gesto duro,
en mi pensamiento, la marea.
Mas eres tan celeste y bella,
que no dudo en tener tu consuelo,
cuando mi corazón ya no sienta.
¡Ay, morena,
quisiera tenerte en mis brazos,
y acariciar tu seda!
¡Ay, morena!
¿Por qué me empeño en mirarte
como a una estrella?
¡Ay, morena,
que dura conquista estar
bajo tu bandera!
¡Ay, morena,
si tu no me amases,
me moriría de pena!
¡Ay, morena,
qué bella es la ilusión
del que en ti sueña!
¡Ay, morena,
quisiera tener tu ansiedad,
mientras la muerte llega!
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Alicia del Espejo-a-Través, Amadis II - Poesia - Obra N. 5
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