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No lo sabía entonces pero al final, ahora que ya hay final y mi padre ha desaparecido, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre aconteció durante las navidades previas a mi sexto cumpleaños. Tampoco lo sabía entonces pero ese suceso que ahora relataré estuvo siempre presente cuando pensaba en mi padre. Al comienzo como un suelo fijo y sólido desde donde, como todos los niños, levanté el ninot de el padre. Hasta el verano de los diez años. Y luego se quedó enterrado en la memoria, no muy profundamente, ya que accedía a él cuando trataba de entender el comportamiento de mi padre con ojos de niña grande, cuando me procuraba relatar a otros, a pocos, lo que era tener un padre alcohólico, un padre débil y un padre con cáncer incurable en su autoestima. Ni siquiera perdió fuerza como tal. Dejó un día de ser el contrapeso de su carácter y se quedó fosilizado como el único buen recuerdo. Sellado en una pelota de resina mate cada vez menos pegajosa, en medio de un millar de recuerdos amargos.
París, 1 ene - Cincuenta años después del accidente de tráfico que acabó con la vida de Albert Camus (1913-1960) cuando se encontraba en la cúspide de su carrera, Francia recuerda al autor de "El extranjero", una de las figuras más relevantes de sus letras.
En Los viajes de Marco Polo, algo así como un estudio de mercado del siglo XIII, podemos encontrar la historia o leyenda de los tres Reyes Magos. Más concretamente en los capítulos 30 y 31 del libro citado que reproducimos aquí. A mi personalmente me gusta más la historia de los Reyes que las figuras relacionadas con el solsticio de invierno, como son el Olentzero, Papa Noel y similares. Hay muchas razones, citaré la más interesante.

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor