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No lo sabía entonces pero al final, ahora que ya hay final y mi padre ha desaparecido, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre aconteció durante las navidades previas a mi sexto cumpleaños. Tampoco lo sabía entonces pero ese suceso que ahora relataré estuvo siempre presente cuando pensaba en mi padre. Al comienzo como un suelo fijo y sólido desde donde, como todos los niños, levanté el ninot de el padre. Hasta el verano de los diez años. Y luego se quedó enterrado en la memoria, no muy profundamente, ya que accedía a él cuando trataba de entender el comportamiento de mi padre con ojos de niña grande, cuando me procuraba relatar a otros, a pocos, lo que era tener un padre alcohólico, un padre débil y un padre con cáncer incurable en su autoestima. Ni siquiera perdió fuerza como tal. Dejó un día de ser el contrapeso de su carácter y se quedó fosilizado como el único buen recuerdo. Sellado en una pelota de resina mate cada vez menos pegajosa, en medio de un millar de recuerdos amargos.
Siguiendo la estela marcada por mi compañera Sarah con Algo alrededor de tu cuello, en lo que a autores de países desconocidos (literariamente hablando) se refiere, entre las novedades de este mes de Septiembre me han llamado la atención dos libros que provienen de escritores vietnamitas, y hoy os traigo el primero de ellos. Se trata de El barco, que vió la luz el pasado día tres publicado por Mondadori a un precio de 19,90 euros, y que ha sido escrito por Nam Le.



la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor