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No lo sabía entonces pero al final, ahora que ya hay final y mi padre ha desaparecido, el único recuerdo bueno que guardo de mi padre aconteció durante las navidades previas a mi sexto cumpleaños. Tampoco lo sabía entonces pero ese suceso que ahora relataré estuvo siempre presente cuando pensaba en mi padre. Al comienzo como un suelo fijo y sólido desde donde, como todos los niños, levanté el ninot de el padre. Hasta el verano de los diez años. Y luego se quedó enterrado en la memoria, no muy profundamente, ya que accedía a él cuando trataba de entender el comportamiento de mi padre con ojos de niña grande, cuando me procuraba relatar a otros, a pocos, lo que era tener un padre alcohólico, un padre débil y un padre con cáncer incurable en su autoestima. Ni siquiera perdió fuerza como tal. Dejó un día de ser el contrapeso de su carácter y se quedó fosilizado como el único buen recuerdo. Sellado en una pelota de resina mate cada vez menos pegajosa, en medio de un millar de recuerdos amargos.

Creo que no es ningún secreto que me gustan los clásicos. Por eso, a nadie le va a sorprender que hoy os hable de una de las novedades de la editorial Alba para este mes, que si por algo se destaca es por el tratamiento de lujo que le da a los autores clásicos. Así, desde el pasado día cuatro podéis encontrar en vuestras librerías Pobre gente, la primera novela de Fiódor M. Dostoievski. El precio, 18 euros, lo habitual de esta colección. 

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor