El auténtico terror es levantarse una mañana y descubrir que los de tu clase del instituto está gobernando el país.
Kurt Vonnegut
© jorfasán
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
yuyucita, Yuyutales 2009
mini yuyu tale, Yuyutales 2009
- Lo que le decía, huelo la muerte.
- quiere uste decir a muerto. A cadaver.
- Pues no. A muerte. A la muerte.
- No lo entiendo. ¿podría explicarmelo más detalladamente?
© Zoref
- quiere uste decir a muerto. A cadaver.
- Pues no. A muerte. A la muerte.
- No lo entiendo. ¿podría explicarmelo más detalladamente?
© Zoref
Asuntos de papá, Yuyutales 2009
Algunas veces desearía que mi papá fuera fontanero. Pero no es así. Mi papá se carga a las personas, mejor dicho, a algunas personas. O sea, que es asesino o criminal, que también se dice, aunque claro, a él no le gustan estas palabras ofensivas.
Noticias
El servicio se activa en estos días en 15 centros, aunque Cultura espera extenderlo a todos los 54 antes de diciembre.- El catálogo incluye casi solo clásicos
Tres personajes se ponen en marcha un desapacible día de invierno: un mercader, su criado y un caballo. Al mercader le guía el deseo de acumular fortuna, es decir (en el ideario tolstoiano), la codicia, el engaño, la explotación. Hay un bosquecillo en venta y no quiere que nadie se le adelante. El criado y el caballo viajan simplemente a donde les lleva su destino. Pero el camino está cubierto de nieve, se pierden, el frío y la oscuridad se ciernen sobre ellos...
El gran periodista soviético Ilia Ehrenburg llegó a Moscú desde la Guerra Civil española donde estaba como corresponsal, y se asombró al encontrar en el ascensor de su casa un cartel que decía: "Prohibido echar libros al retrete. Los infractores serán descubiertos y castigados". Como aquellos forasteros que tanto irritaban a Pasternak, y años después a Joseph Brodski, aquellos forasteros que llegaban a la Rusia soviética y lo contemplaban todo con ojos maravillados y sin entender lo que estaba pasando, y a menudo sin quererlo entender, a Ehrenburg el cartel le chocó como una extravagancia y le costó comprender lo que significaba: que la posesión de ciertos libros era peligrosísima y había que desembarazarse de ellos por cualquier procedimiento, aunque fuera a costa de atascar las cañerías. Lo cuenta en sus memorias Gentes, años, vida (Planeta).


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor