No sé exactamente qué pinto yo aquí, pero estoy convencido de que quiero abandonar este lugar lo antes posible.
El raciocinio, recurrimos a él para alejar miedos. Así que pienso: quizá necesitaba algo tan específico que me había motivado a entrar en estos grandes almacenes que tanto me horrorizan.
Pero aquí me encuentro -agobiado- sin haber comprado nada aún, deseando salir del edificio y sin saber qué es lo que busco.
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
La jornada fantástica, Yuyutales 2009
yuyucita, Yuyutales 2009
El auténtico terror es levantarse una mañana y descubrir que los de tu clase del instituto está gobernando el país.
Kurt Vonnegut
© jorfasán
Kurt Vonnegut
© jorfasán
mini yuyu tale, Yuyutales 2009
- Lo que le decía, huelo la muerte.
- quiere uste decir a muerto. A cadaver.
- Pues no. A muerte. A la muerte.
- No lo entiendo. ¿podría explicarmelo más detalladamente?
© Zoref
- quiere uste decir a muerto. A cadaver.
- Pues no. A muerte. A la muerte.
- No lo entiendo. ¿podría explicarmelo más detalladamente?
© Zoref
Noticias
Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.
Doyle (Edimburgo, 1859-1930) estudió Medicina en Londres a la vez que empezaba a esbozar el perfil de una especie de detective privado de capacidades analíticas y deductivas fuera de lo común: Sherlock Holmes. A pesar de crear otros dos personajes, nunca pudo librarse de la fama de este detective.
Siempre que le preguntan, Quim Monzó explica que Mil cretinos es su libro más alegre, pero no es verdad. Hay humor: un humor negro que tiñe los diecinueve relatos de este libro, pero ¿alegría? Quizá confort, porque resulta alegremente reconfortante pasar cuentas con el dolor, con la vejez, con la muerte, con el amor y con el desamor, con las rencillas cotidianas, con el vacío del paisaje. En Mil cretinos Monzó observa, divirtiéndose, el equilibrio entre la dicha y la desdicha: el hervor de la tristeza bajo un cielo tan azul que resplandece de felicidad. «Monzó sabe hacer que el lector sonría a pesar de ir hundiéndose paulatinamente en un cúmulo sensacional de miserias cotidianas. Son unos cuentos tan tristes y terribles como los que escribía Virgilio Piñeira» (Ponç Puigdevall, El País); «La mayor de las ternuras disimulada tras una inmisericorde crueldad. Qué grande es Quim Monzó» (Julià Guillamon, La Vanguardia). 

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor