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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
MATAR EL TIEMPO
En cierto pueblo de algún lugar es bien conocida la habilidad que tienen algunos de sus habitantes para matar el tiempo. Es maravilloso verlos reurnirse en pequeños grupos los fines de semana para, armados de escopetas y perros, partir al campo a la caza del tiempo.
Peces
Lo de los peces fue después de lo del rugby. Sí. Primero me echaron y después lo del rugby. Y en lo del rugby conocí a Susi. Porque era difícil ser un tío en lo del rugby y no conocer a Susi, ya sabéis.
A mi no me echaron por mangante. Digan lo que digan. Yo tengo buena mano con los masajes y eso hacía en el gimnasio. Pero soy un negado para vaciar bolsas y carteras en los vestuarios. Pero sucede que en el gimnasio mandaba el Curilla. Que yo soy un chulo y un borrico y no me rajo. Y al Curilla me lo tropecé afanando . Me pasé de listo por no denunciarlo. Me la jugó. Yo era el nuevo y me cargó el mochuelo, me comí el marrón entero, me echaron. Allí quedó el Curilla, otra vez el amo.
A mi no me echaron por mangante. Digan lo que digan. Yo tengo buena mano con los masajes y eso hacía en el gimnasio. Pero soy un negado para vaciar bolsas y carteras en los vestuarios. Pero sucede que en el gimnasio mandaba el Curilla. Que yo soy un chulo y un borrico y no me rajo. Y al Curilla me lo tropecé afanando . Me pasé de listo por no denunciarlo. Me la jugó. Yo era el nuevo y me cargó el mochuelo, me comí el marrón entero, me echaron. Allí quedó el Curilla, otra vez el amo.
Noticias
El servicio se activa en estos días en 15 centros, aunque Cultura espera extenderlo a todos los 54 antes de diciembre.- El catálogo incluye casi solo clásicos
Tres personajes se ponen en marcha un desapacible día de invierno: un mercader, su criado y un caballo. Al mercader le guía el deseo de acumular fortuna, es decir (en el ideario tolstoiano), la codicia, el engaño, la explotación. Hay un bosquecillo en venta y no quiere que nadie se le adelante. El criado y el caballo viajan simplemente a donde les lleva su destino. Pero el camino está cubierto de nieve, se pierden, el frío y la oscuridad se ciernen sobre ellos...
El gran periodista soviético Ilia Ehrenburg llegó a Moscú desde la Guerra Civil española donde estaba como corresponsal, y se asombró al encontrar en el ascensor de su casa un cartel que decía: "Prohibido echar libros al retrete. Los infractores serán descubiertos y castigados". Como aquellos forasteros que tanto irritaban a Pasternak, y años después a Joseph Brodski, aquellos forasteros que llegaban a la Rusia soviética y lo contemplaban todo con ojos maravillados y sin entender lo que estaba pasando, y a menudo sin quererlo entender, a Ehrenburg el cartel le chocó como una extravagancia y le costó comprender lo que significaba: que la posesión de ciertos libros era peligrosísima y había que desembarazarse de ellos por cualquier procedimiento, aunque fuera a costa de atascar las cañerías. Lo cuenta en sus memorias Gentes, años, vida (Planeta).


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor