Bienvenid@

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor

El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
No hay monjas en Londres
Textos · Usenet - Narrativa · Leer
El vuelo, que prometía ser corto, -“Apenas hora y media”, me habían asegurado en la agencia- se me había hecho eterno, debido en gran parte a los compañeros de viaje que me tocaron en suerte. Ocupaba el asiento de mi derecha, junto a la ventanilla, un hombre joven, moreno, muy guapo, con ese aspecto de elegante desaliño que delata a quien lo tiene todo y aparenta no poseer nada, que me dedicó una seductora sonrisa, dos níveos arcos de exagerada perfección, cuando ocupe mi asiento a su lado; sin embargo, tan prometedor y atractivo compañero de viaje se quedó dormido nada más despegar, comenzando a roncar casi instantáneamente, los ojos entornados que parecían mirarme de soslayo, la boca abierta mostrando sin tapujos su artificiosa arquitectura, un fino hilillo de saliva corriéndole barbilla abajo. De vez en cuando su cabeza, en medio de un más que inquieto sueño, caía hacia un lado, generalmente el izquierdo, amenazando con ir a parar sobre mi hombro, salpicando mi mejor chaqueta con su saliva ...
Epítome Otoñal
Textos · Poética · Leer
Vuelvo a entablar
con la estación ventosa ...
La tienda de cebollas picantes
Textos · Usenet - Narrativa · Leer
Casilda, que en su juventud no se llamaba Casilda, sino Casildita, sentía una verdadera pasión por las cebollas picantes. Todas las mañanas, a eso de las seis, se levantaba Casilda y, en un tris-tras, de los que ya no existen, se preparaba para dirigirse a la tienda. La tienda, por supuesto, no abría hasta las 10. ¿ Dónde se ha visto que una tienda de cebollas picantes abra antes?. Pero a Casilda no le importaba. Era feliz esperando.

© la maga
18 sep 1997
Noticias
"Fabulosas narraciones por historias" Antonio Orejudo
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Ya conclusa no albergo dudas en cuanto a su recomendación, y si antes la regué con adjetivos como ligera y brutal, iconoclasta, irreverente, amena, divertida, golfa, erudita... ahora me veo en condiciones de añadir que es también cachonda, pedorrética y triste. Podría seguir pero no quiero pasar por un exagerao... Naturalmente estoy hablando de "Fabulosas narraciones por historias", una novela gorda de Antonio Orejudo, sujeto del que nada sabía y nada sé (bueno, ahora un poquillo), por lo que no esperen de mi parte comentarios que desvelen su biografía ni tampoco un breve dequévá de su libro, ya que considero que mi recomendación es bastante como para animarles a que se tiren sin el flotador de la sinopsis a la piscina de sus páginas y que desechen adelantos en el Interné. Tooooooma.

Eso sí, búsquenla y no duden en revolver Roma con Santiago para conseguirla, y si a su librero -en vista del interés que ha despertado en Uds. la novela- le apetece pícaramente sodomizarles, acepten el sacrificio seguros de que vale la pena si con ello nos aseguramos de gozar con una lectura tan jocunda y provechosa como la de -repito- "Fabulosas narraciones por historias" de Antonio Orejudo... ¡Pero criaturas, alegraos, si vais a gastarme el nombre de tanto bendecirlo!
J. D. Salinger otra vez.
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El escritor J. D. Salinger demandó ayer lunes al autor y a la editorial de un libro promocionado como la secuela de su novela clásica «El guardián entre el centeno», señalando que el trabajo infringe sus derechos de autor.
Alondra - In memoriam
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Nos dice Faisanes que tras la noticia de la muerte de Indah ha investigado sobre Alondra.
Su hermana le cuenta que falleció hace tres años, primavera del 2006
El último mensaje que encuentro de Alondra es de Marzo 2005

Cuelgo este poema suyo, "in memoriam"

Con mi cariño.

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Coincidir contigo quiero
por esos pequeños senderos de vida
que nadie nos conoce.

Coincidir contigo...
donde se acunan
los instantes de silencios
que damos por perdidos,
donde se iluminan
las serenas miradas
que buscamos en la lejanía,
y por donde vuelan
esos suspiros ahogados
que colgamos en el aire.

Coincidir levemente,
retrasando o adelantando,
el ritmo pesado de nuestra existencia.

Coincidir, sincronizarnos,
hacernos compás,
ritmo de sueños;
sabiendo tu, que te espero,
sabiendo yo, que me acompañas...

Sin ninguna coincidencia física que nos distancie...
Coincidir así, dulcemente,
formando un espacio nuestro
de instantes acompasados...

© Alondra

[Marzo - 2002]