Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
No hay monjas en Londres
El vuelo, que prometía ser corto, -“Apenas hora y media”, me habían asegurado en la agencia- se me había hecho eterno, debido en gran parte a los compañeros de viaje que me tocaron en suerte. Ocupaba el asiento de mi derecha, junto a la ventanilla, un hombre joven, moreno, muy guapo, con ese aspecto de elegante desaliño que delata a quien lo tiene todo y aparenta no poseer nada, que me dedicó una seductora sonrisa, dos níveos arcos de exagerada perfección, cuando ocupe mi asiento a su lado; sin embargo, tan prometedor y atractivo compañero de viaje se quedó dormido nada más despegar, comenzando a roncar casi instantáneamente, los ojos entornados que parecían mirarme de soslayo, la boca abierta mostrando sin tapujos su artificiosa arquitectura, un fino hilillo de saliva corriéndole barbilla abajo. De vez en cuando su cabeza, en medio de un más que inquieto sueño, caía hacia un lado, generalmente el izquierdo, amenazando con ir a parar sobre mi hombro, salpicando mi mejor chaqueta con su saliva ...
La tienda de cebollas picantes
Casilda, que en su juventud no se llamaba Casilda, sino Casildita, sentía una verdadera pasión por las cebollas picantes. Todas las mañanas, a eso de las seis, se levantaba Casilda y, en un tris-tras, de los que ya no existen, se preparaba para dirigirse a la tienda. La tienda, por supuesto, no abría hasta las 10. ¿ Dónde se ha visto que una tienda de cebollas picantes abra antes?. Pero a Casilda no le importaba. Era feliz esperando.
© la maga
18 sep 1997
© la maga
18 sep 1997
Noticias

Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.
Doyle (Edimburgo, 1859-1930) estudió Medicina en Londres a la vez que empezaba a esbozar el perfil de una especie de detective privado de capacidades analíticas y deductivas fuera de lo común: Sherlock Holmes. A pesar de crear otros dos personajes, nunca pudo librarse de la fama de este detective.

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor