Está claro que lo tuviste todo en contra. Desde el comienzo de tu corta vida de 38 tacos. Movida, sí, pero llena de calamidades desde tu más tierna infancia. Tu papá se dedicaba a rocolectar algodón, allá, en Ar kansas, y como carecía de cualquier otra distracción a su alcance, se de dicaba en sus ratos de ocio a engendraros a vosotros. Unos dicen que fuísteis 15 hermanos, y otros elevan la cifra a 25. La verdad se que tú jamás la aclaraste, y la "tribu" a la que pertenecías se dispersó relati vamente pronto. Porque solamente os unía vuestra necesidad de superviven cia; de modo que cuando cada uno empezó a bandearse por su cuenta...man ta y carretera. Porque papá era muy severo. Te puso a recoger algodón a los 8 años de edad. Tenía una sutil teoría fruto de sus cavilaciones pe ripatéticas, cuando iba o venía de los campos, con el espinazo doblado por el duro trabajo..."Si tienes edad para sentarte a la mesa, también la tienes para coger el azadón". Simple y conciso, ¿verdad? No pudiste ir a la escuela hasta que en unión de tu mamá y algunos herma nos dejásteis a papá y os mudásteis a Missouri. Allí mudaste de vida, al menos en apariencia y durante una corta temporada. Conseguiste un traba jo mal pagado, dada tu inexistente capacitación profesional, y te dejas te caer por la escuela. Mala cosa. Eras grande y fuerte...y analfabeto. Y los chicos se reían de tí. Aquello-cavilaste-no ofrecía futuro.
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James Freeman, afamado escritor, recibe de parte de un antiguo amigo, Adam Walker, el manuscrito de unas memorias que recogen varios episodios acontecidos en 1967, cuando era un joven estudiante que se movía entre Nueva York y París. Estas páginas autobiográficas, que Walker organiza en capítulos titulados primavera, verano, otoño. sí, sí; como una pizza Cuatro Estaciones o las musiquillas esas del Vivaldi, son el grueso que conforma la última entrega de Paul Auster, o sea, la novela "Invisible".
Karel Capek (1890-1938) es uno de los pocos escritores checos cuyas obras han sido traducidas a las más diversas lenguas. Sus piezas dramáticas R.U.R. (Rossum’s Universal Robots, 1920) –donde se emplea por primera vez la palabra «robot» referida a autómatas mecánicos– y El juego de los insectos (1921), que advierten de los peligros que acechan a una sociedad maquinista, obsesionada por la producción y el consumo, cosecharon un éxito inmediato en Londres y Nueva York. Como H.G. Wells, Capek es uno de los pioneros de la «novela de anticipación» y sus brillantes invenciones encubren preocupaciones éticas y sociales derivadas de una situación histórica plagada de amenazas (III Reich), como queda de manifiesto en sus novelas La fábrica de absoluto (1922), Krakatit (1924), y La guerra de las salamandras (1936), obras plenas de imaginación, humor y crítica social.
¿Por qué las mujeres con clase tienen novios grunge? ¿Cómo crear un tiempo propio en la época del Tiempo™ tecnológicamente producido? Y sobre todo: ¿cómo ha llegado a un poblado melanesio ese hombre que grita: «¡Mí Homer Simpson! ¡Mí huir de televisión pública!»? La era de la implosión mediática demanda un nuevo modelo de ensayo que combine el fundamento de la investigación universitaria con el dinamismo de una revista de tendencias. Es así como Homo Sampler aborda un tema central: el tiempo en la sociedad de consumo. A lo largo de tres apasionados discursos creativos se exploran la huella de lo atávico en el pop, la importancia creciente del desecho en los paisajes eléctricos y las respuestas subjetivas a la «cronología objetiva» impuesta por el mercado. Tiempo regresivo, temporalidad en bucle y aceleración cronológica: el texto central de este tratado articula esos tres pasos por medio de un esquema minuciosamente estructurado: una verdadera «reconstrucción del día» en veinticuatro sustanciosas viñetas. Un libro que se lee como un ameno álbum razonado de la cultura contemporánea y que tiene el orden y el calado de una iluminadora teoría.


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor