Empecemos con unos adjetivos:Impresionante, insólita, inefable, asombrosa...
Sí. La cantidad de café que llegan a beber estas criaturas suecas es sencillamente increíble. Ya sabía de la afición cafetera de los escandinavos pero nunca imaginé que podía ser tanta. Y si estas cantidades industriales que se reseñan en la novela toman los suecos, ¿qué será de los finlandeses, que según las estadísticas son el pueblo más cafetero del orbe como seguro confirmará Bubi? No me lo quiero ni imaginar. De hecho, tras respirar y parpadear, tomar café es la acción más veces realizada al cabo del día por estos personajes. Después le sigue el sentarse en el "arquibanco" de la cocina. Tras ello viene el caminar, el trabajar, el comer sandwiches, el hacerse el sueco, el practicar la caidita de Roma y el hablar. En último lugar, ocupando el puesto sesenta y siete, se encuentra el reír.
Entre que me metía o no me metía con el primer tomazo de lo del sueco (que al final me he metido y llevo ya ¾ partes del volumen), se me presentó ante la pantalla este título de Fernando Fernán-Gómez, y quieras que no, ya fuera por retrasar el echarle las gafas al libraco y el darle otra oportunidad al eximio actor junto con lo breve de la obra, me decidió a leerla. También, la inmediatez que representa tenerla almacenada en el lector electrónico, sea todo dicho.


Desde niño he sido un lector asiduo de relatos de terror. Paradójico, porque no soporto las películas de horror. Pero cuando se refiere a literatura, tengo un gusto cultivado desde la infancia. Me deleito con las descripciones, con el suspenso creciente al voltear las páginas, con los monstruos que sólo habitan en la cabeza. Uno de mis autores preferidos es Howard Phillips Lovecraft, conocido mundialmente por Los mitos de Cthulhu. Con él aprendí sobre geometría no euclidiana, seres interdimensionales y otras pesadillas que acechan en la oscuridad. A propósito de estas fechas, les dejo con siete relatos magníficos (en orden inverso de preferencia) para que enriquezcan su biblioteca...

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor