Empecemos con unos adjetivos:Impresionante, insólita, inefable, asombrosa...
Sí. La cantidad de café que llegan a beber estas criaturas suecas es sencillamente increíble. Ya sabía de la afición cafetera de los escandinavos pero nunca imaginé que podía ser tanta. Y si estas cantidades industriales que se reseñan en la novela toman los suecos, ¿qué será de los finlandeses, que según las estadísticas son el pueblo más cafetero del orbe como seguro confirmará Bubi? No me lo quiero ni imaginar. De hecho, tras respirar y parpadear, tomar café es la acción más veces realizada al cabo del día por estos personajes. Después le sigue el sentarse en el "arquibanco" de la cocina. Tras ello viene el caminar, el trabajar, el comer sandwiches, el hacerse el sueco, el practicar la caidita de Roma y el hablar. En último lugar, ocupando el puesto sesenta y siete, se encuentra el reír.
Entre que me metía o no me metía con el primer tomazo de lo del sueco (que al final me he metido y llevo ya ¾ partes del volumen), se me presentó ante la pantalla este título de Fernando Fernán-Gómez, y quieras que no, ya fuera por retrasar el echarle las gafas al libraco y el darle otra oportunidad al eximio actor junto con lo breve de la obra, me decidió a leerla. También, la inmediatez que representa tenerla almacenada en el lector electrónico, sea todo dicho.
Siempre que le preguntan, Quim Monzó explica que Mil cretinos es su libro más alegre, pero no es verdad. Hay humor: un humor negro que tiñe los diecinueve relatos de este libro, pero ¿alegría? Quizá confort, porque resulta alegremente reconfortante pasar cuentas con el dolor, con la vejez, con la muerte, con el amor y con el desamor, con las rencillas cotidianas, con el vacío del paisaje. En Mil cretinos Monzó observa, divirtiéndose, el equilibrio entre la dicha y la desdicha: el hervor de la tristeza bajo un cielo tan azul que resplandece de felicidad. «Monzó sabe hacer que el lector sonría a pesar de ir hundiéndose paulatinamente en un cúmulo sensacional de miserias cotidianas. Son unos cuentos tan tristes y terribles como los que escribía Virgilio Piñeira» (Ponç Puigdevall, El País); «La mayor de las ternuras disimulada tras una inmisericorde crueldad. Qué grande es Quim Monzó» (Julià Guillamon, La Vanguardia).
Fahrenheit 451
"De alguna forma, en Estados Unidos todo tiene que producir dinero y todo ha de ser una competición", declaró el escritor estadounidense Chuck Palahniuk. El autor de 'El club de la lucha' presenta estos días en Madrid su última novela 'Snuff' (Mondadoori), en la que narra el reto al que se enfrenta una actriz porno, Cassey Wright, que quiere batir un record mundial de "polvos" consecutivos con hombres distintos en la última película que realiza.

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor