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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Mi abuelita
Las primeras referencias que tuve en mi ya lejana infancia de Henry Miller, Joyce, Proust y Faulkner, fueron a través de mi abuelita. De mi abuelita Carmela. Aún parece que la estoy viendo como solía contemplarla en mis años infantiles: vestida de riguroso luto (su hijo, mi tío Rafael, había fallecido al intentar atrapar un billete de mil pesetas del Monopoly que, volandero, se posó en un tejado), con su pañolón en la cabeza por el que asomaban las greñas canosas y calzada con unas alpargatas de cáñamo tan pretéritas como ella.
Noticias

Un grupo de antiguos amigos, que ya no tienen nada en común excepto un turbio episodio del pasado, se reúne en un refugio de montaña para pasar un fin de semana. La reunión sigue fielmente el guión habitual de estos casos, pero, en plena celebración, un acontecimiento externo alterará por completo sus planes. Sometidos a una creciente presión, cada individuo interpretará los acontecimientos según sus particulares obsesiones; y entre confesiones y rencillas largamente incubadas se irá recomponiendo un esquema sórdido e intrincado de las relaciones que los habían unido en el pasado, todo ello bajo la sombra de una amenaza cada vez más cercana y palpable.
Doyle (Edimburgo, 1859-1930) estudió Medicina en Londres a la vez que empezaba a esbozar el perfil de una especie de detective privado de capacidades analíticas y deductivas fuera de lo común: Sherlock Holmes. A pesar de crear otros dos personajes, nunca pudo librarse de la fama de este detective.

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor