Bienvenid@

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor

El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Fuera de concurso
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Ayer vi un hombre desnudo sobre un tejado.

No hacia calor. Nunca hace calor en la Zaragoza de los vientos, salvo en verano. En verano el calor en Zaragoza es el calor de los desiertos. Los Monegros y el Ebro conforman los acantilados de aire por donde el Cierzo corre inmisericorde el resto del año; arrancando alientos, paraguas y ropa tendida y arrancando lamentos por un sol de justicia que calcine por fin el asfalto. Echo de menos mis climas fraternos: El clima suave de San Sebastián perlado de agua que no moja, el cálido clima de cualquier encrucijada del Sur, las cinco de la tarde y las calles vacías de un casco viejo con olores a pino y piedra antigua. Debo volver a esos climas.
Cuentuzco
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Por si les gusta. Ya aparecido en es.hum.lit.

El espejo de Jacobo VI

El 6 de abril de ese año había visto el espejo en una casa de antigüedades cercana a la Iglesia de San Telmo -que no es ni santo ni Telmo sino apenas Pedro González Telmo y en el mejor de los casos no más que beato- y siendo falso el nombre de algo tan santo como una Iglesia, Alfio Araujo optó por no dar crédito a las aseveraciones del anticuario respecto de las cualidades del espejo, vertidas por quien acaso no fuera más que ropavejero vulgar e indocto, ascendido en la escala comercial por la fuerza ciega del azar. De todos modos compró el mueble.
Pandoro o El príncipe azul
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Te lo encuentras una mañana al llegar a la oficina, una plantita indefensa que ha brotado repentinamente en la mesa de al lado. Se muestra tan indignado, tan sorprendido, al enterarse de que está ocupando el puesto de una muchacha a la que no se le ha renovado el contrato por quedarse embarazada, que no tienes más remedio que encontrarle encantador. Además, es tan hermoso, un poco bajito quizá, su cara te suena, claro, aquel folleto del hipermercado, él parece tan humilde, tan accesible que resulta fácil acercarse a él y preguntarle ...
Noticias
Correspondencia (1951-1970)
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Esta Correspondencia entre Paul Celan (Czernowitz, Bucovina, 1920-París, 1970) y Gisèle Celan-Lestrange (París, 1927-1991) es un doble viaje que marca el tiempo de intensas cercanías y de silencios dramáticos, desde los primeros encuentros a finales de 1951 hasta aquellas distancias de los últimos años que se registran apenas unas semanas antes de la desaparición del poeta, en abril de 1970. Entre una y otra fecha discurre una historia intensa que la Correspondencia aquí editada describe con materiales que recorren por igual la experiencia humana, la vida amorosa, la biografía intelectual, los difíciles pasos de la escritura y del arte, ese viaje que va discurriendo entre las dos orillas de uno y otro, y que ha sido documentado de manera celosa por Bertrand Badiou.
Me cago en mis viejos.
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El diario adolescente de Carlos Cay, en forma de libro

Después de un verano extraño, de una escurridiza pero intensa presencia en EL PAÍS con su diario entre nihilista, tierno y furioso, Carlos Cay vuelve a dar señales de vida. Lo hace con un libro en el que reunirá los artículos que aparecieron en la Revista de Verano bajo el título Me cago en mis viejos...
Las aventuras de Mimí Akcentijevic
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Retrato de Mimí Akcentijevic

Mimí Akcentijevic tiene cabeza, y en ella todo lo necesario. Ojos, boca, etcetcétera. Su cuerpo es esbelto, lináceo. Tiene unas tetas firmes y bonitas, estaría bien que fueran un poco más grandes, pero bueno. Tiene unas piernas largas y delgadas, y un culo estupendo. Genitales también, por supuesto, y estómago, hígado... Tiene de todo, Mimí Akcentijevic, incluso, en el pecho, un vacío, que late como un reloj, como un corazón.

La reputación de Mimí Akcentijevic

El doctor Kostic hablaba en sueños y, consciente de ello, a todas las amantes les daba nombres tipo: Hermana, Bebé, Pequeña, Querida, Guapa, de manera que su mujer nunca podía saber a qué persona mencionaba en los parloteos nocturnos. Puesto que ya había agotado muchos seudónimos, y no quería repetirse, a Mimí Akcentijevic le correspondía llamarse Pequeña Fulana...