Después de terminar mis estudios secundarios, conseguí empleo como oficinista en una Compañía de Seguros de Buenos Aires. Era un trabajo aburrido que se desarrollaba en un ambiente desagradable en al que todas las situaciones posibles estaban pautadas y además de ser obligatorio su cualquier falta llevaba las condignas sanciones, pero como yo tenía apenas veinte un años pronto me acomodé a ellas.
El edificio de la Compañía constaba de diez pisos que eran recorridos por cuatro ascensores. Dos de ellos estaban destinados al uso general, otro al personal jerárquico y el cuarto, alfombrado en rojo, y con tres espejos, estaba destinado al uso exclusivo del Presidente de la Compañía y al Gerente General, Fernando Heidder.
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
LA DISCPLINA ES UNA VIRTUD CASTRENSE
el jorobado de notre dame
Llevaba diez meses trabajando en el almacén del Viejo. Era junio y el calor, la miseria, el olor de la madera y la constante pelea con las ratas me tenía ya hasta los cojones. Todo lo que había que hacer en el mundo era madrugar, barrer y apilar cajas y cajas de comida que jamás llegaban a venderse. Parecía como si nada tuviera salida. La misma mierda allá donde dejaras caer la mirada, la mueca de aburrimiento mortal en todas las paredes.
En toda la ciudad parecía haber no más de seis tipos legales, con los que beber o hablar de tías. Todo lo demás estaba hundido y cansado, ni brizna de vida en sus ojos, incapaces de reírse o de gritar, sin pasión, sin un mínimo poso de rabia que pudiera estallar aun. Ninguna esperanza. Carlos era uno de ellos. Cuando estaba sobrio era manso como un cachorro, uno podía ver aún lo que hubiera sido capaz de lograr en otra vida. Siempre tenía otra cerveza en la mano, y otra, y otra más. Era el tipo que más bebía en el mundo, el único que parecía saber de qué coño iba todo aquello y como actuar ante lo irremediable. Cada mañana se levantaba dos horas antes que nosotros. Echaba un polvo de urgencia y bajaba a emborracharse.
En toda la ciudad parecía haber no más de seis tipos legales, con los que beber o hablar de tías. Todo lo demás estaba hundido y cansado, ni brizna de vida en sus ojos, incapaces de reírse o de gritar, sin pasión, sin un mínimo poso de rabia que pudiera estallar aun. Ninguna esperanza. Carlos era uno de ellos. Cuando estaba sobrio era manso como un cachorro, uno podía ver aún lo que hubiera sido capaz de lograr en otra vida. Siempre tenía otra cerveza en la mano, y otra, y otra más. Era el tipo que más bebía en el mundo, el único que parecía saber de qué coño iba todo aquello y como actuar ante lo irremediable. Cada mañana se levantaba dos horas antes que nosotros. Echaba un polvo de urgencia y bajaba a emborracharse.
exin castillos
Alguien me dijo: Vivirás mejor en una casa desnuda.
Empecé por vaciar los armarios. La ropa volaba por la ventana y desaparecía pronto de las aceras. Algunas piezas que nadie quiso quedaron allí como animales vacíos ...
Empecé por vaciar los armarios. La ropa volaba por la ventana y desaparecía pronto de las aceras. Algunas piezas que nadie quiso quedaron allí como animales vacíos ...
Noticias
Me las prometía muy felices de encontrar en este primer Ellroy que cae en mis manos la famosa concisión de estilo que ha hecho célebre al autor. Concisión que ha alcanzado en los últimos tiempos niveles abstractos según me contaron. Pero a pesar del alentador título, por seco, en “El asesino de la carretera” y chimpún, se puede tropezar uno con muchas otras cosas, pero en absoluto con la concisión. Tal vez sea éste fenómeno que se ha decantado en los últimos tiempos ya que la novela que nos ocupa aunque escrita en 1986, llega este año a los escaparates patrios con carácter de estreno preferente.
Rudyard Kipling (1865, Bombay-1936, Londres), gran novelista y poeta británico, era hijo de un profesor de Escultura Arquitectónica establecido en Bombay. Los primeros cinco años de su vida los vivió casi como un indígena, correteando por los bazares y hablando indostaní, con su aya portuguesa y su criado hindú Meeta. A los 6 años sus padres lo enviaron a Inglaterra para recibir la consabida educación británica. Kipling reconoció esos años como los peores de su vida. Cinco años más tarde, ingresó en el United Service College, en Devonshire, y como no podían permitirse estudios superiores, su padre le encontró un empleo en Lahore, (Punjab) como asistente editor de un periódico local. Llegó a Bombay en octubre de 1882, hasta principios de 1889, en que fue relevado de su cargo.
La nueva y esperada novela de la escritora chilena Isabel Allende, "La isla bajo el mar", la historia de una esclava, una mulata vendida a los nueve años a un francés dueño de una importante plantación de azúcar en el Santo Domingo del siglo XVIII, llega mañana a las librerías de toda España y Latinoamérica.


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor