Bienvenid@

la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor

El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Navytales v2010 - Divagación
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© gsmiga - DIVAGACIÓN
Heme aquí, caminando al borde del río. Sigo su curso que me llevará al mar. Son las nueve y cuarto de una gélida mañana de Navidad. Completamente solo, sin cruzarme con los habituales andarines, siento encima de mí el cielo gris, que contribuye a enfriar el escaso ánimo con que afronto la caminata. Al borde del agua la escarcha tamiza la vegetación y una madrugadora urraca que sale por mi izquierda se mente entre una mata de fentos a buscar algún alimento que sus perspicaces ojos han divisado.
Navytales v2010 - La luz de una estrella que no existe
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LA LUZ DE UNA ESTRELLA QUE NO EXISTE

1. Prince estaba muerto. No había duda: estaba muerto, por mucho que se empeñaran en reanimarlo echándole agua por la cara y dándole guantaditas. Acurrucado en aquella manta roja que les habían regalado los jóvenes voluntarios, murió mientras dormía sobre la colchoneta de espuma de bordes desmigajados. Se había meado encima además. Tenía un ojo abierto y otro medio guiñado, como si espiara a la muerte por el agujero de una cerradura.

© Sap
Navytales v2010 - Tara
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TARA Tara presentía cuándo vendría la bola de fuego. Sencillamente se despertaba, se levantaba del lecho de pieles en que dormía con su familia, reptaba por el estrecho pasillo común que daba a la escala y trepaba hasta lo alto de la cueva. Al asomarse por entre los enormes troncos que formaban la empalizada, podía ver el resplandor que anunciaba que, una vez más, vendría. Así había sido todos los días desde que podía trepar la escala ella sola, sin que su madre la llevara asida a la espalda con la piel del oso sobre la que ahora dormía. Y así sería un día más. © Blanca Barojiana.
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Tráeme tu amor, Charles Bukowski
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Ilustraciones de Robert Crumb

Se sabe que Charles Bukowski y Robert Crumb, cronistas complementarios de la vida y las pesadillas en los pliegues más incómodos de su sociedad, se vieron una sola vez, y que se profesaban admiración y respeto.

«Ningun escritor norteamericano contemporáneo ha descalificado el sueño americano con tanta perseverancia como Charles Bukowski.» San Francisco Chronicle

«Me odio por lo menos tanto como odio a los demás.» Robert Crumb
El palacio de la luna - Paul Auster
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Marco Stanley Fogg está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas ponen el pie en la luna. Hijo de padre desconocido, fue educado por el excéntrico tío Victor, que tocaba el clarinete en orquestas de mala muerte. En los albores de la era lunar, muerto su tío, Marco va cayendo progresivamente en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievskianos, hasta que la bella Kitty Wu lo rescata. Marco empieza entonces a trabajar para un viejo pintor paralítico y escribe su biografía, que éste quiere legar a su hijo, al que no llegó a conocer. Tras un largo periplo que lo lleva hasta el Oeste y bajo el influjo de la omnipresente luna, Marco descubrirá los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.
¡Que vuelven los (clásicos) rusos!
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Títulos de Tolstói, Dostoyevski y Leskov regresan en nuevas traducciones en una colección de El Aleph y Mario Muchnik

Junto a su tortuosidad existencial y sus incursiones en los abismos de la conciencia, Dostoyevski también tenía su punto cómico. En una de sus novelas menos conocidas, Stepanchikovo y sus moradores, el autor ruso narra las andanzas de un trepa arrogante y haragán, sobrino de un coronel retirado, que viaja invitado una temporada a la casa de campo de su tío. Y bien que se arrepienten, el militar y todos los habitantes de los alrededores, cuando ven cómo el nuevo huésped impone su ley despótica y bufonesca. "Es el Tartufo ruso", resume el editor de El Aleph, Bernat Puigtobella.