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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
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Mi familia y otros animales (II)
Mi familia y otros animales (II)
Mi hermana me había contado también cuando éramos dos crías una divertida historia que hacía alusión a otra real hembra de la familia, historia que le había sido referida por una nanny que entró al servicio de la casa desde el nacimiento de Margot. Al parecer, la bisabuela Dolores, una castellana de rompe y rasga, casada con un rico cacique de pueblo y con seis hijos, se enredó sin enmienda en la urdimbre de un representante de tejidos de Tarrasa, que había ido a parar por allí ofreciendo su género, y ni corta ni perezosa abandonó marido, hijos, casa y fortuna y se fugó con el desconocido, que era doce años menor que ella. Nadie la volvió a ver nunca más después de aquella noche en que una carreta clandestina la había arrancado de su cárcel dorada.
Mi hermana me había contado también cuando éramos dos crías una divertida historia que hacía alusión a otra real hembra de la familia, historia que le había sido referida por una nanny que entró al servicio de la casa desde el nacimiento de Margot. Al parecer, la bisabuela Dolores, una castellana de rompe y rasga, casada con un rico cacique de pueblo y con seis hijos, se enredó sin enmienda en la urdimbre de un representante de tejidos de Tarrasa, que había ido a parar por allí ofreciendo su género, y ni corta ni perezosa abandonó marido, hijos, casa y fortuna y se fugó con el desconocido, que era doce años menor que ella. Nadie la volvió a ver nunca más después de aquella noche en que una carreta clandestina la había arrancado de su cárcel dorada.
Mi familia y otros animales (I)
Yo no creía ser especialmente promiscua, pero me gustaba divertirme, como a todo el mundo a esa edad; toda la vida me había gustado entrar y salir, seducir y ser seducida, y Diego no era más que un peldaño más en la escalera, casualmente el actual, pero uno más al fin y al cabo. A mis padres sí les gustaba el muchacho: ingeniero agrónomo, de buena familia, educado, culto, con presunto carácter para domarme... ¿por qué no me decidía por fin a sentar la cabeza? Ya iba siendo hora y ésta era la ocasión perfecta ...
Andrés
¿Y tú? ¿Te acuerdas de Andrés?
Sí que me acuerdo de Andrés. Claro que me acuerdo de Andrés.
Ahora es el jefe de administración o algo así de una Universidad. No sé exactamente cómo se llama su cargo, pero sé que es un pez gordo allí dentro. Andrés tendrá ahora alrededor de 48/49 años o tal vez ya llegó a la cincuentena. No lo sé.
Lo conocí en el piso que tenían alquilado aquellos hermanos de Andújar que vinieron a estudiar aquí, pero Abelardo lo conocía de toda la vida. Vivían en la misma calle y hasta habían ido al mismo parvulario. Luego la relación terminó.
Sí que me acuerdo de Andrés. Claro que me acuerdo de Andrés.
Ahora es el jefe de administración o algo así de una Universidad. No sé exactamente cómo se llama su cargo, pero sé que es un pez gordo allí dentro. Andrés tendrá ahora alrededor de 48/49 años o tal vez ya llegó a la cincuentena. No lo sé.
Lo conocí en el piso que tenían alquilado aquellos hermanos de Andújar que vinieron a estudiar aquí, pero Abelardo lo conocía de toda la vida. Vivían en la misma calle y hasta habían ido al mismo parvulario. Luego la relación terminó.
Noticias
«Este poema circular es a la vez un manifiesto y un memorial. También es una letanía inscrita en un rosario o molinillo de plegarias. Una letanía es un conjuro. Un gesto de la palabra. Quienes la repiten concentran en ella su voluntad, su energía. Los nombres de las especies en extinción irrumpen en la plegaria sin interrumpirla, como espíritus que viniesen a pedirnos ayuda. Al pronunciarlos, sus nombres van inscribiéndose en el tiempo; la lista que resulta de ello es la que figuraría en un monumento para la memoria, la de todos los que estamos y los que vendrán. La tierra prometida es una estela poética». 


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor