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El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
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plagiad a las nubes (mojadme los zapatos)
Podríamos resumir la historia en solo dos frases. No hay trabajo demasiado malo. No hay trabajo lo bastante bueno.
Quiero decir: cualquier trabajo es mejor que quedarse cerrado en una habitación con paredes de papel escuchando como desaguan las bañeras y las lavadoras, todas a la vez, como si algo fuera a acabarse. Cualquiera que te saque de casa en estas condiciones es tu ángel de la guarda. Te ha salvado la vida. No importa a qué agujero de mierda acabe por lanzarte.
Quiero decir: cualquier trabajo es mejor que quedarse cerrado en una habitación con paredes de papel escuchando como desaguan las bañeras y las lavadoras, todas a la vez, como si algo fuera a acabarse. Cualquiera que te saque de casa en estas condiciones es tu ángel de la guarda. Te ha salvado la vida. No importa a qué agujero de mierda acabe por lanzarte.
Noticias
El servicio se activa en estos días en 15 centros, aunque Cultura espera extenderlo a todos los 54 antes de diciembre.- El catálogo incluye casi solo clásicos
Tres personajes se ponen en marcha un desapacible día de invierno: un mercader, su criado y un caballo. Al mercader le guía el deseo de acumular fortuna, es decir (en el ideario tolstoiano), la codicia, el engaño, la explotación. Hay un bosquecillo en venta y no quiere que nadie se le adelante. El criado y el caballo viajan simplemente a donde les lleva su destino. Pero el camino está cubierto de nieve, se pierden, el frío y la oscuridad se ciernen sobre ellos...
El gran periodista soviético Ilia Ehrenburg llegó a Moscú desde la Guerra Civil española donde estaba como corresponsal, y se asombró al encontrar en el ascensor de su casa un cartel que decía: "Prohibido echar libros al retrete. Los infractores serán descubiertos y castigados". Como aquellos forasteros que tanto irritaban a Pasternak, y años después a Joseph Brodski, aquellos forasteros que llegaban a la Rusia soviética y lo contemplaban todo con ojos maravillados y sin entender lo que estaba pasando, y a menudo sin quererlo entender, a Ehrenburg el cartel le chocó como una extravagancia y le costó comprender lo que significaba: que la posesión de ciertos libros era peligrosísima y había que desembarazarse de ellos por cualquier procedimiento, aunque fuera a costa de atascar las cañerías. Lo cuenta en sus memorias Gentes, años, vida (Planeta).


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor