¿Y tú? ¿Te acuerdas de Andrés?
Sí que me acuerdo de Andrés. Claro que me acuerdo de Andrés.
Ahora es el jefe de administración o algo así de una Universidad. No sé exactamente cómo se llama su cargo, pero sé que es un pez gordo allí dentro. Andrés tendrá ahora alrededor de 48/49 años o tal vez ya llegó a la cincuentena. No lo sé.
Lo conocí en el piso que tenían alquilado aquellos hermanos de Andújar que vinieron a estudiar aquí, pero Abelardo lo conocía de toda la vida. Vivían en la misma calle y hasta habían ido al mismo parvulario. Luego la relación terminó.
Bienvenid@
El tiempo permanece amurallado en esta ciudad con nombres de colores, sombras acechantes de los que no fueron y pudieron ser, muros capaces de abrir o cerrar bocas y de imaginar rostros de seda ...
Últimos textos
Andrés
La mala cabeza de Lola
Lola era una chica alegre y pizpireta, aunque algo distraída. Su problema era que tenía muy mala cabeza, como siempre le decía su madre, y no es que fuera una alocada irresponsable, no, el problema era que siempre se le olvidaba la cabeza por ahí en cualquier parte y claro, cuando se acordaba era un follón tener que estar buscando dónde se podía haber dejado su cabecita. Se la dejaba dentro del armario, encima de la nevera, debajo del sofá o la cama y luego, de repente, notaba una ligereza increíble en el cuerpo y exclamaba "¡¡ostras, la cabeza!!, ¡ya me la he dejado olvidada otra vez por ahí!". (Naturalmente, si podía decir esto es porque, además, Lola era una ventrílocua muy habilidosa).
HOY NO ES UN BUEN DIA
- Yo no digo que no seas un buen escritor, sino todo lo contrario. Lo único que intento es hacerte entender que estamos en un negocio y nos debemos a un público y es precisamente ese público quien nos mantiene. No creo que debas hacer una montaña de un granito de arena.
- ¿No? ¿Me estás acusando de desfasado ante mis propias narices y me dices que exagero?
- Te lo repito por última vez: los lectores están ya aburridos de tanto sexo. Lo que quieren ahora es ficción, drama, situaciones grotescas, cualquier cosa antes que una vulgar escena de cama. Eso tuvo su auge en su momento, pero hoy por hoy hasta mi hijo de 16 años está ya de vuelta de todos estos temas. Prefieren mil veces a un tío clavándole una estaca en el corazón a un vampiro antes que todo lo que tú escribes. ¿Te ha quedado claro o traigo a un traductor que te lo explique?
- ¿No? ¿Me estás acusando de desfasado ante mis propias narices y me dices que exagero?
- Te lo repito por última vez: los lectores están ya aburridos de tanto sexo. Lo que quieren ahora es ficción, drama, situaciones grotescas, cualquier cosa antes que una vulgar escena de cama. Eso tuvo su auge en su momento, pero hoy por hoy hasta mi hijo de 16 años está ya de vuelta de todos estos temas. Prefieren mil veces a un tío clavándole una estaca en el corazón a un vampiro antes que todo lo que tú escribes. ¿Te ha quedado claro o traigo a un traductor que te lo explique?
Noticias
La venta de libros electrónicos (que no los aparatos para su lectura) aumentó en enero un 116% respecto al mismo mes del año anterior en Estados Unidos, según las cifras de la Asociación Nacional de Editores. El valor absoluto fue de 70 millones de dólares (49,4 millones de euros) frente a los 32,4 millones (23 millones de euros) de enero del año anterior. La venta de libros de audio descargables también subió, un 8,8%.
Marco Stanley Fogg está a las puertas de la edad adulta cuando los astronautas ponen el pie en la luna. Hijo de padre desconocido, fue educado por el excéntrico tío Victor, que tocaba el clarinete en orquestas de mala muerte. En los albores de la era lunar, muerto su tío, Marco va cayendo progresivamente en la indigencia, la soledad y una suerte de tranquila locura de matices dostoievskianos, hasta que la bella Kitty Wu lo rescata. Marco empieza entonces a trabajar para un viejo pintor paralítico y escribe su biografía, que éste quiere legar a su hijo, al que no llegó a conocer. Tras un largo periplo que lo lleva hasta el Oeste y bajo el influjo de la omnipresente luna, Marco descubrirá los misterios de su origen y la identidad de su progenitor.


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor