
De los obituarios que leo -algunos perpetrados sin cariño por becarios maldispuestos para el archivo de moribles- me quedo con el propio texto que dejó Delibes como introducción a sus obras completas y que publica hoy La Información.
Advierto que es tristísimo, y que a mí me afectó mucho más que la noticia de su muerte, hace unas horas. En él cuenta que murió como escritor hace doce años en la sala de un quirófano y que acabó como más temía, "incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad". Y que el otro Delibes, el que le sobrevivió, se dedicó a la vida contemplativa.
Pero también describe a un hombre que dedicó su vida a su verdadera pasión, y lo hizo con verdadera pasión, hasta que ya no pudo. Ojalá pudiera yo, que me pierdo en la más minúscula de las efervescencias, decir lo mismo.
Vía | lapetiteclaudine
James Freeman, afamado escritor, recibe de parte de un antiguo amigo, Adam Walker, el manuscrito de unas memorias que recogen varios episodios acontecidos en 1967, cuando era un joven estudiante que se movía entre Nueva York y París. Estas páginas autobiográficas, que Walker organiza en capítulos titulados primavera, verano, otoño. sí, sí; como una pizza Cuatro Estaciones o las musiquillas esas del Vivaldi, son el grueso que conforma la última entrega de Paul Auster, o sea, la novela "Invisible". 


la lectura como búsqueda, la escritura, como acto de amor